Un análisis de Janus Henderson revela que la refrigeración y la generación eléctrica ligada a la IA están presionando un recurso cada vez más escaso.
TL;DR: Los centros de datos de IA consumen agua para refrigeración y, de forma indirecta, para generar la electricidad que los alimenta. Ese consumo indirecto puede llegar al 75% de la huella hídrica total, según Janus Henderson. El consumo directo en EE. UU. podría multiplicarse hasta cuatro veces para 2028.
Cuando se habla de inteligencia artificial casi siempre se habla de chips, de gigavatios y de centros de datos gigantescos. Lo que rara vez entra en la conversación es el agua, el recurso que hace posible que esos servidores no se derritan y que la electricidad que los mueve llegue hasta ellos. Un análisis de los expertos de Janus Henderson, Charles Devereux y Hamish Chamberlayne, pone ese problema sobre la mesa desde una óptica poco común: la de la inversión.
¿Por qué los centros de datos de IA consumen tanta agua?

Los centros de datos usan agua principalmente para refrigeración directa y, de forma indirecta, para generar la electricidad que consumen.
El método más común de enfriamiento sigue siendo la refrigeración por evaporación. Es eficaz y eficiente en términos energéticos, pero tiene una consecuencia poco visible: el agua que usa se evapora y no puede reutilizarse. Cada litro que entra al sistema, sale como vapor.
Ahí no termina la historia. Según el análisis de Janus Henderson, el consumo indirecto de agua —el que viene de generar la electricidad que alimenta esos servidores— puede representar hasta el 75% de la huella hídrica total de un centro de datos. La razón es que buena parte de la red eléctrica todavía depende de centrales térmicas, que también necesitan agua para refrigerarse. En Estados Unidos, la generación de electricidad representa alrededor del 40% de las extracciones totales de agua del país.
¿Cuánto podría crecer este consumo hacia 2028?
El consumo directo de agua de los centros de datos en EE. UU. podría multiplicarse entre dos y cuatro veces para 2028 frente a los niveles de 2023.
Esa proyección viene de una investigación del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, citada por los analistas de Janus Henderson. El motivo es sencillo: mientras la infraestructura de IA siga expandiéndose al ritmo actual, la demanda de refrigeración crece con ella. Y como el perfil hídrico de un centro de datos está atado a cómo se genera la electricidad que usa, la tendencia real dependerá de qué tan rápido cambie el mix energético de cada región hacia fuentes que necesiten menos agua.
¿Qué alternativas de refrigeración existen para gastar menos agua?
El sector ya prueba refrigeración líquida directa al chip, inmersión en fluido dieléctrico y diseños de circuito cerrado que no requieren extracciones continuas de agua.
Aunque la refrigeración por evaporación seguirá siendo dominante por un buen tiempo, hay alternativas ganando terreno:
- Refrigeración líquida directa al chip: un refrigerante circula en un circuito cerrado a través de placas frías montadas sobre los procesadores. Ya se usa en entornos de IA de alta densidad.
- Refrigeración por inmersión: los servidores se sumergen en un fluido dieléctrico no conductor. Pasó de ser una solución de nicho a integrarse en el diseño habitual de nuevos centros de datos.
- Refrigeración microfluídica: integra canales de líquido directamente en el chip. Es la más experimental, pero apunta a la mayor eficiencia a largo plazo.
- Diseños de circuito totalmente cerrado (“sin agua”): recirculan el refrigerante de forma continua y eliminan las extracciones constantes por evaporación. Algunos operadores ya los están implementando en instalaciones nuevas.
¿Por qué esto le importa a los inversionistas?
Janus Henderson plantea el agua como un factor de riesgo y de oportunidad dentro de la cadena de valor de la inteligencia artificial.
El crecimiento de la demanda de centros de datos, impulsado por la ola de IA, abre espacio para invertir en empresas que resuelven infraestructura de refrigeración, tratamiento de agua y gestión de recursos. Como lo resume Chamberlayne: “El agua se está convirtiendo en un factor clave en la cadena de valor de la inteligencia artificial”, y las empresas que combinen innovación con buena gestión medioambiental probablemente sean las beneficiarias de esta tendencia estructural.
Para el usuario común esto se traduce en algo más simple: cada consulta a un chatbot, cada imagen generada y cada modelo entrenado tiene detrás una huella de agua que hasta ahora casi nadie mencionaba. Y a medida que la IA se vuelve cotidiana, esa huella deja de ser un detalle técnico para convertirse en un tema de infraestructura, política pública e inversión.
Preguntas frecuentes sobre el consumo de agua de la IA
¿Cuánta agua consume un centro de datos de IA?
No hay una cifra única global, pero el consumo se divide en directo (refrigeración) e indirecto (generación eléctrica), y este último puede llegar al 75% del total según Janus Henderson (agosto 2026).
¿Por qué la refrigeración por evaporación gasta tanta agua?
Porque el agua se evapora en el proceso y no puede reutilizarse, a diferencia de sistemas de circuito cerrado que recirculan el líquido de forma continua.
¿Existen centros de datos que no usan agua para enfriarse?
Sí, algunos operadores ya implementan diseños de circuito totalmente cerrado “sin agua” en instalaciones nuevas, que eliminan las extracciones constantes por evaporación.
¿Cuánto podría crecer el consumo de agua de los centros de datos en EE. UU.?
Podría multiplicarse entre dos y cuatro veces para 2028 respecto a 2023, según una investigación del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley citada por Janus Henderson.
¿Qué relación tiene la electricidad con el consumo de agua de la IA?
La generación eléctrica que alimenta los centros de datos también consume agua para refrigerar centrales térmicas, y representa cerca del 40% de las extracciones totales de agua en EE. UU.
¿Debería la industria de la IA reportar su huella hídrica con la misma obligatoriedad con la que reporta sus emisiones de carbono?



